El Señor siempre es el que inicia, por eso al ver el pecado del hombre en Edén, tomó la iniciativa y proveyó sacrificio perfecto para pagar por nuestro rescate o redención.
Cuando el inicia algo nosotros tenemos que responder.
En la cruz, Jesús ofreció Su vida, Su dignidad y cargó nuestros pecados, rebeliones, enfermedades y miseria, para que nosotros vivamos y allí sucede es intercambio sobrenatural.
La muerte de la cruz, opera bajo la ley del intercambio donde vemos un camino de doble vía.
La Primera vía: Cristo murió por nosotros tomando nuestro lugar en la cruz.
1 Timoteo 2:5-6
5 Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, 6 el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.
Segunda vía: Se completa el intercambio cuando ahora, nosotros morimos para Él.
Esa muerte implica llevar esa naturaleza caída a la cruz, por medio de rendir nuestra voluntad y morir al “YO”, para que Él pueda vivir en nosotros y a través de nosotros.
Romanos 12:1
Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional
La muerte al “yo”, no es un evento único, sino continuo y progresivo.
Podemos decir que vamos a tener de Dios tanto como le rindamos de nosotros mismos.
¿Qué parte de nosotros tiene que morir para que Cristo pueda vivir?
• Nuestro yo carnal
• Nuestra naturaleza pecaminosa
• El yo egoísta
• El yo orgulloso
• El yo soberbio.
Dios nos dará tanto de Sí como le hayamos dado de nosotros en muerte y sacrificio.

El vivirá en nosotros como lo que haya muerto de nuestra naturaleza egoísta.

Somos vasijas que cuanto más se l vacíe de un contenido, más podremos recibir del otro.
Por eso dice Juan 3:30
Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.

El intercambio de nuestra muerte por la vida de Cristo desata el poder de resurrección.
Jesús sin pecado, pudo ir a la cruz, más nosotros si podemos morir para Cristo.
Filipenses 3:10
A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,
El cristiano al ser investidos del poder del Espíritu Santo, todo aumento de poder demanda siempre de un sacrificio vivo.
Este sacrificio vivo es la muerte del “yo carnal”.
Es morir a:
• nuestro egoísmo
• soberbia
• orgullo
• egocentrismo
• de nuestra comodidad
• conveniencia
• seguridad,
• forma de pensar
• Forma de hacer y de sentir
Si queremos ver el Reino de Dios establecido aquí y en nuestras vidas.
Si queremos ver milagros creativos, liberación de ataduras en personas, iglesias, ciudades
Necesitamos mayor nivel de muerte al “YO”

Por este motivo, es importante destacar que no hay límite para lo que debemos entregar en la cruz a diario.
Cada uno sabe con qué lucha en su día a día.
Sabe lo que enfrenta, lo que le impide fluir en mayores dimensiones del poder de Dios.
Cada uno de nosotros puede discernir interiormente a que debe morir:
• ¿Sera que tengo que morir a sentir auto-lastima, a sentirse o tomar el lugar de víctima en cada situación adversa?
• ¿Deberá morir a los deseos sexuales fuera del matrimonio?
• Siendo solteros ¿deberá morir a las tentaciones sexuales de fornicación, e inmoralidad que el mundo ofrece?
• ¿Será muerte a la ira, el enojo, aun cuando esté en su derecho a enojarse?
• ¿Sera que debo morir a la relación iracunda, donde lo importante es mi yo?
• ¿Sera que deberá renunciar al miedo, la falta de perdón, el resentimiento, la amargura por lo malo que le ha pasado en la vida o las ofensas que ha recibido?
• ¿Tendrá que morir al amor al dinero, la ambiciones personales egoístas
• ¿Sera que tendrá que morir a creer que puede seguir pecando porque la gracia de Cristo lo justifica todo?
• ¿Será que debe renunciar a algo que no sea necesariamente malo, pero que lo desvía del propósito de Dios?
La cruz se convierte en una señal y evidencia de nuestra rendición a Dios.

El mensaje de salvación, no nos habilita para pensar que estoy aquí en la tierra, para orar, adorar y a lo sumo predicar a los perdidos. NO
SINO que debemos MORIR PARA QUE CRISTO VIVA EN NOSOTROS.

Si tomamos la cruz en ambas direcciones, donde hay un intercambio de vidas, podemos entender los tres mandatos que incluye la comisión de Cristo: Marcos 16:15
Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
Mateo 28:19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
1. El Señor nos pidió que trajéramos a la gente a la salvación. Esa es la primera muerte.
2. Nos pidió que bautizáramos a todos aquellos que confiese a Jesús como su Señor y Salvador. Esa es la muerte segunda.
3. El tercer mandato fue que hiciéramos discípulos de esos creyentes. Y esto constituye la tercer muerte de aquellos que han recibido “la potestad de ser hechos hijos de Dios” ( Juan 1:12)

Ninguna persona puede entrar a operar el poder de Dios sin discernir la participación de los sufrimientos de Cristo.
Pues se requiere de una persona madura, para que esté dispuesta a morir a sí misma por completo.
La cruz es una señal de madurez espiritual.
Definamos madurez:
Madurez es el estado que se alcanza al haber entendido y cumplido el hecho de que nuestro destino es morir como Cristo, para que él viva en nosotros, y así poder manifestar su gloria y Reino en la tierra.

Mateo 16:24
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

“Tomar la cruz” representa estar dispuesto a morir, a negarse a uno mismo.
La negación continua nos lleva a saber que ya no vivo yo, sino Cristo en mí.
Sin embargo hay creyentes que no mueren a sí mismos, son enemigos de la cruz, se rehúsan a seguir a Cristo a Getsemaní y luego al Gólgota.
Quieren disfrutar de los beneficios de Su sacrificio, pero no quieren participar de sus sufrimientos.
Filipenses 3:18-19
Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; 19 el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal.

En este día nos debemos preguntar:
¿Tenemos la madurez suficiente para entender que la muerte es inevitable para extender el Reino y participar de la vida de Cristo?
¿Tenemos la madurez espiritual requerida para abrazar con gozo esa muerte, sabiendo lo que dice Filipenses 1:21?
Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia
Recordemos que:
Negarse a sí mismo es una señal de la participación de los sufrimientos de Cristo y el requisito para operar en el poder de su Resurrección.