En la última cena, mientras Jesús estaba comiendo con sus discípulos, tomó un poco de pan y dijo,en

Lucas 22:19

Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.

Ellos comieron un pedazo del pan.

Cuando nosotros participamos en la Cena del Señor, cada uno come un pedazo de pan en memoria de Jesús.
Lucas 22:20

De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.
Cuando nosotros bebemos de la copa en la Cena del Señor, recordamos la sangre de Jesús que se derrama por nosotros, y que su sangre significó el nuevo convenio.

Así como el antiguo pacto se selló con la rociadura de sangre, el nuevo pacto se estableció por medio de la sangre de Jesús.

Hebreos. 9:24-28
24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; 25 y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. 26 De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.

27 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.
Pablo dijo, en 1 Corintios 11:26

Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

La Cena del Señor es una mirada retrospectiva de la muerte de Jesucristo en la cruz.
La muerte de Jesús muestra cuánto Dios nos ama. Tanto fue ese amor que envió a su Hijo para que muriera por nosotros, para que nuestros pecados puedan perdonarse y podamos vivir por siempre con él.
La muerte de Jesús es un tremendo regalo para nosotros.

Cuando recibimos un regalo de gran valor, un regalo que involucró un sacrificio personal, ¿cómo debemos recibirlo? ¿Con lamento y pena? No, eso no es los que el dador quiere.

Debemos de recibirlo con gran gratitud, como una expresión de gran amor, rindiendo nuestras vidas en obediencia a Él.

Así que la Cena del Señor, aunque es un recordatorio de una muerte, no es un funeral, como si Jesús todavía estuviera muerto.

Es realmente lo contrario, nosotros observamos esto sabiendo que la muerte de Jesús sólo duró tres días.
Sabiendo que la muerte no nos sujetará para siempre, nos regocijamos que Jesús ha conquistado la muerte, y ha librado a todos los que fueron esclavizados por miedo a la muerte Hebreos 2:14-15
Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, 15 y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.
¡Podemos recordar la muerte de Jesús con el conocimiento feliz que él ha triunfado por encima del pecado y la muerte!

Jesús dijo que nuestro llanto se convertirá en la alegría.

Juan 16:20

De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentareis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo.

Venir a la mesa del Señor y participar en la comunión, debe ser una celebración.
Los Israelitas del antiguo pacto miraban a los eventos de la Pascua como un momento definido en su historia, el tiempo cuando su identidad como nación empezó. Era cuando ellos escaparon de la muerte y la esclavitud a través de la mano poderosa de Dios y fueron librados para servir al Señor.

En la iglesia cristiana, miramos los eventos que rodean a la crucifixión y la resurrección de Jesús como el momento definitorio en nuestra historia.

Es de cómo escapamos de la muerte y la esclavitud del pecado, y cómo nos libramos sirviendo al Señor.

La Cena del Señor es una conmemoración de ese momento que define nuestra historia.

La Cena del Señor figura nuestra relación presente con Jesucristo
La crucifixión de Jesús tiene una importancia continua en todos quienes han tomado una cruz para seguirlo.

Continuamos participando en su muerte y en el nuevo pacto porque participamos en su vida.
Pablo escribió en 1 Corintios 10:16:

La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?

Por medio de la Cena del Señor, mostramos que compartimos en Jesucristo,y estamos unidos a él.

El Nuevo Testamento habla de nuestro compartir con Jesús en varias formas.

@ Compartimos en su crucifixión

Gálatas 2:20 dice: Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

@ su muerte Romanos 6:4, dice:Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

@ su resurrección Efesios 2:6 dice: y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,

Nuestras vidas están en él y él está en nosotros.

La Cena del Señor simboliza esta realidad espiritual.
Juan 6:54 da un cuadro similar. Después de que Jesús proclamó ser el “pan de vida”, dijo:

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
Es esencial que encontremos nuestra comida espiritual en Jesucristo.

La Cena del Señor figura esta verdad continua.

El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.

(v. 56), significa que nosotros vivimos en Cristo, y él vive en nosotros.
La Cena del Señor nos ayuda a mirar hacia arriba, a Cristo, y ser conscientes que la verdadera vida sólo puede estar en él y con él.
Pero cuando somos conscientes de que Jesús vive en nosotros, también hacemos una pausa para pensar qué tipo de hogar le estamos dando a él.

Antes que él entrara en nuestras vidas, éramos habitaciones de pecado.

Y Jesús lo sabía antes de tocar a la puerta de nuestras vidas.

Él quiere entrar para hacer la limpieza. Año tras año, cuando crecemos en la madurez espiritual, rendimos más de nuestras vidas a nuestro Salvador.

Siendo esto un proceso, llamado camino de santificación, y la Cena del Señor juega un papel importante en este proceso.

Pablo escribió en 1 Corintios 11:28:

Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.

Cada vez que participamos, debemos examinarnos, conscientes del gran significado que involucra esta ceremonia.

Cuando nos examinamos, encontramos a menudo que tenemos pecado. Esto es normal.

Simplemente es un recordatorio en el que necesitamos a Jesús en nuestras vidas.

Sólo él puede librarnos de nuestros pecados.
Al examinarnos, necesitamos echar una mirada alrededor para ver si estamos tratándonos de la misma manera que Jesús ordenó.

Si usted está unido con Cristo y yo me uno a Cristo, entonces nosotros realmente nos unimos entre sí también.

Así que la Cena del Señor, es una figura de nuestra participación en Cristo, también figura nuestra hermandad.
Pablo escribió en 1 Corintios 10:17: Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.

Participando juntos en la Cena del Señor, nos imaginamos el hecho que nosotros somos un cuerpo en Cristo, uno entre sí, con responsabilidades entre si.

La Cena del Señor también nos recuerda el futuro, el retorno de Jesús.

El pan y el vino, son prototipos de lo que será la más grande celebración de victoria en toda la historia.

Los Evangelios nos señalan que Jesús dijo:

Lucas 22:18

porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.

Siempre que participemos, recordamos la promesa de Jesús.

Habrá un gran banquete “mesiánico”,

un “Banquete de boda”, de celebración.

El pan y el vino son prototipos de lo que será la más grande celebración de victoria en toda la historia.

Pablo escribió en 1 Corintios 11:26 que:

Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

Nosotros siempre miramos hacia adelante, así como hacia atrás, hacia arriba, hacia el centro y hacia alrededor.

La Cena del Señor es rica en significado. Por eso ha sido una parte prominente de la tradición cristiana a lo largo de los siglos.

A veces se convirtió en un ritual inanimado, lleno más de hábito que de significado.

Cuando se convierte en un simple ritual, pierde significado, algunas personas exageran deteniendo el ritual completamente.

La mejor respuesta es restaurar el significado.

Por eso es útil para nosotros repasar lo que simboliza este acontecimiento, antes de tomar el pan y la copa, permitiéndonos tomar consciencia que:
La Cena del Señor es un recordatorio de lo que Jesús hizo en el pasado, un símbolo de nuestro presente compañerismo con él y una promesa de lo que hará en el futuro.