Una de ellas es alabando a Dios; pero hay una que quizá no hemos considerado mucho y es un ejemplo práctico en la Palabra del Señor.
Jueces15:14-19

Dice así, habla de Sansón:

“..Y así que vino hasta Lehí, los filisteos salieron, gritando a su encuentro; pero el Espíritu de Jehová vino sobre él, y las cuerdas que estaban en sus brazos se volvieron como lino quemado con fuego, y las ataduras se cayeron de sus manos. Y hallando una quijada de asno, fresca aún, extendió la mano y la tomó, y mató con ella mil hombres. Entonces Sansón dijo: Con la quijada de un asno, un montón, dos montones; con la quijada de un asno maté a mil hombres. Y acabando de hablar, arrojó de su mano la quijada y llamó a aquel lugar Ramath-Lehi..” (Que significa: “colina de la quijada”), “..Y teniendo gran sed, clamó luego a Jehová, y dijo: Tú has dado ésta grande salvación por medio de tu siervo; ¿y moriré yo ahora de sed y caeré en manos de los incircuncisos?..”,

lea conmigo el 19, ¡Léalo fuerte!,

“..Entonces abrió Dios la cuenca que hay en Lehí; y salió de allí agua, y él bebió, y recobró su espíritu y se reanimó. Por esto llamó el nombre de aquel lugar En-haccore, el cual está en Lehí hasta hoy..”

 

Y el nombre “En-haccore”, tiene un significado muy precioso: “LA FUENTE DEL QUE CLAMA”.

La fuente que abrió el clamor de Sansón
Este es un caso muy singular, pero habla de Sansón, y de aquella gran batalla que tiene después de ser entregado a los Filisteos, quienes lo ataron con cuerdas nuevas.

Parecía que Sansón caminaba al encuentro de un gran ejército filisteo como un derrotado, como un vencido, atado con cuerdas en sus manos; pero hermanos, el Espíritu de Dios vino,

(Y cuando viene el Espíritu de Dios no hay ataduras que aguanten, porque la unción de Dios pudre los yugos).

Esas ataduras cayeron de sus manos como si fueran un hilo de algodón, y sucedió algo que excede a toda imaginación humana:

Sansón halló una quijada de asno, y con esa quijada peleó y mató mil enemigos del pueblo de Dios. ¿Se imagina el torbellino que habrá sido eso?

¿Qué quiere decir esto? ¿Sabe qué?

Que UN HOMBRE SOLO, CON EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO, ES MAS QUE MIL ENEMIGOS.

Esto nos habla de la autoridad del Espíritu, porque tenemos lucha contra principados, potestades y huestes espirituales, ¿Sabe que significa la palabra huestes?

Hueste significa multitud. Hay multitud de demonios en los aires, de espíritus malignos, pero la unción de Dios sobre tu vida te hará más que vencedor.

Yo pregunto: ¿Tienes la seguridad de esa unción?

Entonces, Sansón, luego de esa tremenda victoria, recita como una especie de poema,

(En castellano no parece que rima demasiado), habría que ver en hebreo:

“..Con la quijada de un asno, un montón, dos montones; con la quijada de un asno maté a mil hombres..”

Había tenido una gran batalla y quedó extenuado.

¿Cómo está usted después de cada batalla espiritual? ¿No es cierto que las batallas espirituales le quitan fuerzas? ¿Lo experimentó alguna vez? Creo que si.

Sansón estaba extenuado, como nos puede pasar a nosotros.

Las luchas son tan grandes que despiertan una sed espiritual, como decía el Salmista: “..Mi alma tiene sed de Dios..” (Sal 42:2)

Necesitamos que nuestra alma sea saciada.

Necesitamos que los ríos de agua viva corran.

Necesitamos que la fresca unción de Dios venga sobre nuestras vidas.

..Y teniendo gran sed, clamó luego a Jehová..”

Me gusta esta expresión porque es muy similar al Salmo 42:2“..Mi alma tiene sed de Dios..”

y lo que quiero expresar en forma sencilla, es que cuando ud, tiene sed de Dios, puede hacer muchas cosas:

@  Cantar a Dios,

@  leer la Biblia,

@ orar,

pero la esencia de este mensaje es que hay una fuente espiritual que se abre cuando usted clama a Dios.

Hay una fuente de unción cuando usted clama a Dios.

Hay algo que se va a soltar si usted clama a Él.

Por eso dice Jeremías 33:3:

“..Clama a mí y yo te responderé..” (3)

¿Cree esa Palabra? Hay un gran secreto espiritual allí.

Y Sansón clamó a Dios, en medio de un tremendo cansancio y debilidad, porque, debemos decirlo, también las victorias dejan huellas en el alma, en el ánimo, la batalla es cansadora.

Por eso dijo:

“..Tú has dado esta grande salvación por medio de tu siervo; ¿y moriré yo ahora de sed y caeré en manos de los incircuncisos?..”

¿Cómo puede ser?

Otra vez parecía que sería una víctima fácil de sus enemigos.
Quiero decirle esto:

Cuando usted y yo estamos sedientos de la Presencia de Dios, estamos débiles, pero cuando somos saciados del río de Dios, entonces nos fortalecemos. ¡Somos fuertes!

Hay un ejemplo muy precioso en 2º de Reyes 3:16-17, dice que el pueblo tenía sed y fueron al Profeta Eliseo, se morían de sed tres ejércitos grandes y el Profeta Eliseo clamó a Dios y Él le dijo:

“..Haced en este valle muchos estanques. Porque Jehová ha dicho así: No veréis viento, ni veréis lluvia; pero este valle será lleno de agua, y beberéis vosotros, y vuestras bestias, y vuestros ganados..”

Los enemigos estaban en los montes esperando que muriesen de sed, pero de pronto, el río de Dios fluyó en forma secreta y bebieron y bebieron y bebieron y se levantaron con fuerza, y abatieron a sus enemigos ¿Saben por qué?

Porque habían bebido del río de Dios.

Nunca es suficiente lo que tú bebas. Cuanto más bebas del río, más fuerte vas a ser.

Pero el secreto es este: EL CLAMOR.

Pero clamó a Dios, y entonces fue abierta la cuenca que hay en Lehí, (Que probablemente estaría seca), y salió de ella agua.

Dios, por el clamor de este valiente que trajo una gran salvación, abrió nuevamente esa fuente, y bebió de esa agua.

Me gustan las expresiones: “..y recobró su espíritu y se reanimó..”

¿Qué es lo que pasa cuando usted y yo estamos en la Iglesia y bebemos de ese río?

¿No cobra nuevo ánimo? ¿No es reanimado?

Entonces dice que bebió y puso este nombre “En-haccore” y significa esto “LA FUENTE DEL QUE CLAMA”.

Hermano querido, no tengo duda que cuando usted y yo buscamos a Dios, la fuente de Dios fluye.

¿Cuántos me están entendiendo?, ¿Lo practica alguna vez?

Venimos a la Iglesia y nos vamos bendecidos; pero volvemos a la próxima reunión:

@ sin orar,

@ sin leer la Biblia,

@ sin buscar a Dios y mas secos que el desierto;

pero usted tiene que clamar y volver a la fuente y esa fuente tiene que fluir. ¡Ayúdanos Señor!

Sansón clamó y se abrió “LA FUENTE DEL QUE CLAMA”.
Cuando el hombre y la mujer claman a Dios la fuente se abre. ¿Me está entendiendo?

Espero que lo ponga en práctica, porque una cosa es escuchar y otra es hacer.

¿Tiene sed? “..Clama a mí..” le dice el Señor.

Como dice: “..Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?..”,

Agradezca al Señor por esa fuente, porque si usted clama, si usted adora, si usted bendice a Dios, el río fluye. Por más grande desierto que tenga que pasar.

Sansón, después de tener esa gran victoria dijo: “..Tú has dado ésta grande salvación por medio de tu siervo..”;

Y en Cristo tenemos una GRAN SALVACION; pero la batalla del cristiano es grande, y toda lucha nos lleva a que nuestra alma necesite ser reconfortada por el Señor.

Por eso, cuando estamos en luchas y en batallas, no tenemos que dejar de congregarnos.

@ ¡Más que nunca tenemos que venir a beber de la Roca!

@ ¡Más que nunca tenemos que beber de la fuente!

@ ¡Más que nunca tenemos que ser saciados del río de Dios!

Así, Sansón puso nombre a ese lugar “En-haccore”, que significa “LA FUENTE DEL QUE CLAMA”.

Hermano, si puedes clamar, Dios te oye y abre una fuente.

Puedes estar en desiertos, en batallas, pero El tiene una fuente.

Mas Podemos tener el sentir del salmista: “..Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía..”

¿Cuántos entienden que debemos clamar?

Así como Sansón en En-haccore, abrió LA FUENTE DEL QUE CLAMA;..tú le pedirías y él te daría agua viva..”

Esto marca un camino: El de la oración, el del clamor.

Hermanos, aprendamos esta lección:

Puedo estar en soledad, en desiertos, en luchas, en medio de grandes batallas como libró Sansón, pero si clamo con toda mi alma, el Señor nos va a dar a beber de la fuente.

El Señor abrirá otra vez  para Ud, y para mí: “LA FUENTE DEL QUE CLAMA” Amén.