Ahora bien, ¿es realmente así, que renovarse es vivir?

¿Es bíblicamente así?

En todo caso, ¿Qué es renovarse?

Salmo 51:10-12;

51:10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,

Y renueva un espíritu recto dentro de mí.

51:11 No me eches de delante de ti,

Y no quites de mí tu santo Espíritu.

51:12 Vuélveme el gozo de tu salvación,

Y espíritu noble me sustente.

O bien ¿Qué es vivir?

Lamentaciones 3:40-42

3:40 Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová;

3:41 Levantemos nuestros corazones y manos a Dios en los cielos;

3:42 Nosotros nos hemos rebelado, y fuimos desleales; tú no perdonaste.

Dijimos que Vivir es volver a Su Palabra, de donde obtenemos que ser verdaderamente renovados es volver a Su Palabra.

Pero, atención, para volver a Su Palabra existe una condición sine qua non, sin la cual no seremos realmente renovados.

Quiero leerles algo que marcó la historia.

Voy a transcribir algunos párrafos de Calvino, de su carta dirigida al rey de Francia Francisco I en el año 1536, los cuales evidencian que el Reformador de Ginebra había sido profundamente renovado en su mente y corazón.

Dice textualmente (en castellano de la época)

” Si pues nuestra doctrina se examinase con esta regla de fe, la Escritura, NUESTRA ES LA VICTORIA.. Porque ¿ qué cosa cuadra mejor y más propiamente con la fe que reconocernos a nosotros mismos desnudos de toda virtud, para ser vestidos de Dios?.

Somos despojados para que aprendamos a gloriarnos en el Señor. Considere su Majestad, y tenednos por gente la más maldita de cuantas el día de hoy vivan si claramente no hallares que nosotros somos oprimidos e injuriados porque ponemos nuestra esperanza en Dios vivo; porque creemos ser esta la vida eterna: conocer a un verdadero Dios y a aquél a quien envió: Jesucristo, por esta esperanza unos de nosotros son encarcelados, otros azotados, otros desterrados, otros cruelísimamente son atormentados, tenidos por malditos.”

“Y la señal de la buena doctrina es esta (como enseña Cristo) : si ella no se inclina a buscar la honra de lo hombres sino la de Dios, pues Cristo afirma que tal debe ser la prueba de la doctrina….”

Hay  tres cosas fundamentales están ligadas en esta carta de Calvino: LA GLORIA DE DIOS; LA PALABRA DE DIOS y LA IGLESIA.

Qué renovación del entendimiento tenía este hombre.

Qué firme estaba parado en la Palabra de Dios…

¿Dónde sino podremos renovarnos? ¡EN SU PALABRA! Hoy en día parece que renovarse es cambiar todo, andar a la moda…

Cuantos más ceros tenga la cifra, mayor es el éxito…

Sin embargo, volver a las sendas antiguas es lo que nos renueva. Su Palabra no cambia. Jeremías 6:16

Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos.

Jeremías 10:2 nos exhorta: ” No aprendáis los caminos de las naciones, porque las costumbres de los pueblos son vanidad.”

La verdadera renovación comienza en hacer Su voluntad.

  •    En tomar la cruz, negarse y seguirle.
  •    Seguirle allí cuando el dilema nos confunde, las olas nos sumergen
  •    Cuando decimos; “…He venido a hacer tu voluntad, Padre mío…”

Aquí comienza y se sustenta la renovación:

HACER SU VOLUNTAD. ME GUSTE O NO.

La verdadera renovación comienza cuando dejamos que Dios abra surcos con su arado en nuestros corazones y sujetamos nuestros pensamientos a sus propósitos, buscando Su gloria, como decía Calvino.

Allí comenzamos a ser profundos y dejamos de ser superficiales llevados por doquier por cualquier viento de doctrina, moda y filosofías huecas.

Mensajes con apariencia de piedad pero que son enemigos de la cruz de Cristo, cuyo Dios es el vientre, que sólo piensan en lo terrenal y con suaves palabras engañan a los corazones ingenuos, como dice Pablo. (ver filipenses 3)

La verdadera renovación es sinónimo de profundidad.

De firmeza. De paz.

De dolor, muchas veces, pero de victoria, sabiendo que esta leve tribulación momentánea produce un mayor y excelente peso de gloria.

La verdadera renovación es estimar todo por pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo, por amor del cual lo perdemos todo, lo tenemos por basura.

La verdadera renovación es ofrecerle un culto digno de él y saber que ningún sacrificio espiritual o material de mi parte para Él puede ser demasiado grande.

Si Jesucristo es Dios y murió por mí, dice Isaac Watts, “un amor tan asombroso y divinal, mi corazón demanda, mi vida, todo mi ser.”

Cuando veo cristianos, tan egoístas, reservados, duros, insensibles al dolor, fríos, sin espíritu de sacrificio, adaptados al mundo más que al Reino de Dios, buscando siempre el éxito, la comodidad, la propia satisfacción, digo: qué lejos está la renovación .

Ser renovados y transformados en nuestro entendimiento es pensar como Dios piensa.

Amar Su iglesia como Dios la ama.

Sentir dolor en el corazón, como Dios lo siente.

Me sorprende cuando veo hijos de Dios, que cuando algo anda mal en la iglesia nos enojamos contra ella, la criticamos, nos alejamos, nos dividimos, murmuramos, nos separamos.

Qué inmadurez y qué poco conocemos el corazón de Dios.

Nos debería doler el corazón y deberíamos tener una actitud de compasión y sumo cuidado, yendo a los pies del Señor para suplicarle Su misericordia.