Ver su iglesia como Él la ve.

Es Su herencia.

Es el brillo de Su gloria (Efesios 1).

Su iglesia es la niña de Sus ojos.

Es lo más hermoso y delicado de toda la creación.

Es la que debe manifestar Su gloria y darle gloria ininterrumpidamente.

Ser renovados es presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es nuestro culto razonable a Él. Romanos 12.2

Es también ser aprobados por Él:

“Procura presentarte aprobado ante Dios”, dice Pablo.

¿Qué significa?

Recordemos a Job: “hombre perfecto, recto, temeroso de Dios y apartado del mal….”

Era aprobado.

Era un hombre que continuamente se renovaba en su entendimiento.

Sujeto a Dios.

En todo momento atribuía maravillas a Dios.

Se rascaba con una teja y decía ” oh Dios eres maravilloso, haces cosas maravillosas que no puedo entender, gloria a tu nombre”, se postraba y adoraba, bendecía a Dios, proclamaba que su Redentor vivía… Porque ESO ERA LO IMPORTANTE, no él que se estaba desintegrando, sino “MI REDENTOR VIVE”¡ALELUYA!

Y antes de terminar la prueba (él no sabía que ya estaba por terminar) dice:”de oídas te había oído más ahora mis ojos te ven”… Volvió a ser renovado.

Qué increíble este hombre

¡Qué increíble es Dios, qué maravilloso es Él!

Me doy cuenta qué lejos estoy.

Job era renovado continuamente. Diariamente.

En toda circunstancia era renovado.

Sacaba provecho de todo. Era lo que decía Pablo:

MÁS QUE VENCEDOR, no sólo vencedor.

Dice “temeroso de Dios y apartado del mal”.

¿Sabemos qué significa todo esto?

Amaba Su Palabra y amaba Su Obra.

Ofrecía continuamente, todos los días, sacrificios por sus hijos, por si quizás hubieran pecado.

¡Qué pastor, qué obrero, cuánto temor de Dios y amor por Su obra!

Un hombre, una mujer que no ama Su Palabra y por consiguiente Su obra, porque van juntas de la mano, es un hombre una mujer que no ha sido renovado.

¿Sabe que tenía Job? ¿Sabe qué pasaba con Pablo? ¿Sabe qué pasó con Calvino? ¿Sabe que necesitamos cada uno de nosotros? Ser Renovados. ¿Sabe cómo?

SÓLO SIENDO QUEBRANTADOS.

El Señor dijo “en el mundo tendréis aflicción”.

Porque la aflicción es el arado de Dios que rompe el corazón. Me asusto cuando escucho que todo debe ser prosperidad, gozo, abundancia… y Dios lo va a bendecir, y le va a dar mucho, etc.

La pasión por las almas debe comenzar en una pasión por Jesucristo primero, como dijo Osvald Chambers “Mi meta es Dios mismo, no el gozo ni la paz, ni siquiera la bendición, sino Él mismo, mi Dios.”.

En la cruz, cuando entendemos el amor de Dios, comienza la pasión por alcanzar a un perdido.

Para poder ganar hombres para Dios hay que amar a Jesucristo más que a todo. Todo comienza en la CRUZ.

Una mente renovada llama pecado a lo que es pecado.

La sangre de Cristo no limpia excusas. LIMPIA PECADO. UNA MENTE RENOVADA LLAMA CARNAL A LO CARNAL. LLAMA ESPIRITUAL A LO ESPIRITUAL.

Esto comienza a los pies de la cruz.

En la humillación hay poder, en la humillación hay gracia, en la humillación hay luz, en la humillación hay RENOVACIÓN. Hay transformación.

Recuerde que la sangre de Cristo es la de un Cordero, y no la de un guerrero ni la de un león.

Es un Cordero que no abrió su boca y se dejó trasquilar. Por eso Su sangre tiene poder.

Por ser un Cordero manso y sumiso, el Espíritu Santo pudo posar sobre él como paloma, que simboliza la paz.

Una verdadera renovación es simplemente la vida de Cristo derramada en nuestra mente, en nuestro corazón, en todo nuestro ser.

No ya yo, más Cristo en mí. LA GLORIA DE DIOS EN NOSOTROS.

El principio de la renovación es el quebrantamiento. El Señor caminó al Calvario humildemente para ser la víctima sacrificial de los hombres: se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte.

“Unges mi cabeza con aceite, mi copa está rebosando”, dice David: he sido renovado, he sido llenado.

Pero para que el Señor llene, debo ser quebrantado y vaciado. Humillado.

Andrew Murray dijo: ” como el agua siempre busca llenar los lugares bajos, así también cuando Dios te halle humillado y vacío te inundará con Su gloria y poder.”

Esa muerte del yo no es una sola vez. Es cada día. “Cada día muero”, dice el apóstol Pablo.

La Renovación debe ser diaria también. Ahora, entonces, renovarse no es vivir, sino morir, para que la vida de Cristo se manifieste en nosotros. Debemos crecer en la renovación. No podemos quedarnos, de otra forma dejaría de ser renovación. El Señor se renovaba día a día haciendo la voluntad del Padre.