Colosenses 1:18

18 y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

 

1 Un compromiso con Cristo

Jesucristo es la cabeza del cuerpo.

Venimos a ser miembros de su cuerpo cuando con fe y arrepentimiento venimos ante él y le entregamos nuestras vidas.

La persona que se entrega al Señor entra en un proceso de transformación donde toma verdadera relevancia la obediencia y la imitación del ejemplo de Jesús.

Es lo que llamamos Camino de Santificación.

Seguir a Jesús implica dejarlo todo por él.

Es la perla de gran precio que quien la anhela  vende todo lo que tiene para comprarla.

Es amarlo por encima de todas las personas importantes de nuestra vida y por encima de todo.

Es tomar nuestra cruz. (Marcos 8:34)

De tal modo que si tenemos intereses en este mundo que llegan a competir con la calidad de nuestro amor por él y nuestra entrega, no podemos ser sus discípulos.

También es cierto que si le seguimos lo que ahora vemos importante tomará su secundario lugar o el lugar que le corresponda en nuestra escala de prioridades.

Sí, hay promesas de bendición y providencia milagrosa de parte de Jesucristo y de nuestro Dios; pero parten de la base anterior.

Es decir, son condicionadas a la verdadera obediencia, a la actuación valiente y decidida por lo justo, lo bondadoso, lo honesto.

Están condicionadas a la entrega total y sin ninguna reserva al Señor.

La viuda de Sarepta, por ejemplo, fue enormemente bendecida, su harina no escaseo ni su vasija de aceite disminuyó, pero primero que nada fue obediente a la voz del profeta. Jesús dijo en Mateo 6:33:

Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Ahí se nota el orden y el valor de las cosas materiales.

La Palabra de Dios está llena de pasajes que educan nuestras vidas a ser diligentes, trabajadores, esforzados y a buscar con ahínco nuestro bienestar y el de los nuestros, nunca se nos invita a dejarlo todo en sus manos mientras nosotros no hacemos la parte que nos corresponde.

Por otro lado hay promesa de bendición al trabajo, al hogar y a la vida toda de personas esforzadas y entregadas al Señor.

Concluimos pues que no debemos pensar que Dios tenga algún compromiso con nosotros porque es nuestro Padre y debe proveer para nosotros, sino que nosotros tenemos un compromiso con Cristo y que este compromiso es total.

Alguno dirá, si esto es así, entonces no conviene.

Si tan corta es nuestra expectativa de vida ciertamente no conviene, pero si miramos a la eternidad, resultan tan escasos los tesoros terrenales y tan burdos los ofrecimientos del mundo.

2 Un compromiso con mis hermanos

En segundo lugar, ser miembros del cuerpo de Cristo implica un compromiso con mis hermanos; porque somos miembros los unos de los otros.

1 Corintios 12:14-27

14 Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.15 Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?16 Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? 17 Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? 18 Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. 19 Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? 20 Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo.

21 Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. 22 Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; 23 y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro. 24 Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, 25 para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. 26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. 27 Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.

La lección de Pablo sobre el cuerpo es muy clara, todos nos necesitamos y no hay miembros más importantes que otros o menos valiosos.

Cuando un miembro recibe honra todos con él se gozan y cuando un miembro padece todos se duelen.

No hay dificultad en comprender esto, la dificultad está en su práctica.

Preferimos la honra individual y muchas veces eso nos motiva a hacer las cosas y no el beneficio de la comunidad.

Nos olvidamos de los que sufren o padecen y llegamos a preocuparnos por un estrecho círculo de íntimos.

Nos conviene primero enfocar nuestra atención a que somos una comunidad.  

El Señor no contempló la idea de una fe individual solitaria, sino que estableció un grupo de seguidores y lo cohesiona en un cuerpo.

En segundo plano, se nos olvida que no todos los miembros son iguales sino diferentes y en muchos casos muy diferentes unos de otros y que las diferencias no nos excluyen del cuerpo, sino por el contrario son hasta deseables para un funcionamiento de mayor capacidad.

Se nos olvida que la lección primordial es de la aceptación mutua entre hermanos y que

la única regla que coarta de alguna manera mi libertad es no ser tropiezo para mi hermano.

Pongamos esto punto por punto para concluir:

  • Cristo organiza los miembros del cuerpo a partir de la función que desempeñan entre los seguidores del Maestro.
  • Todos los miembros son importantes y ninguno de desechar, todos son necesarios.
  • Los miembros se preocupan unos por otros y se sirven unos a otros en base a las premisas de perdón, tolerancia, amor, oración, ayuda mutua.
  • No haré nada que dañe o haga tropezar a mi hermano.
  • Todos somos hermanos y debemos estar dispuestos y gozosos de participar en una comunidad que ha sido redimida por el Señor Jesucristo.

Las responsabilidades para reflexionar:

¿Podemos dejar atrás viejas cuentas, es decir rencores o fricciones que hayamos tenido?

¿Podemos dejar de actuar con miras a posiciones de jerarquía o de popularidad?

¿Podemos recomenzar un año más en unidad y armonía?

¿Podemos cumplir los mandamientos de Cristo: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo?