Estos sentimientos son sumamente perjudiciales y peligrosos:

– Afectan nuestra vida espiritual, nuestra comunión con Dios.

– “Manchan “el cuerpo de Cristo lastimandolo, no permitiendo que la bendición de Dios fluya, siendo de tropiezo para la obra de Dios.

1 LA AMARGURA:

La amargura se origina y se desarrolla cuando algo nos ocurre que nos provoca enojo o dolor.

Quizá estuvo expuesto a malos tratos, críticas o desprecios.

Sea lo que sea, dentro suyo acumuló amargura.

La sola mención del nombre de la persona que lo ha herido ya le provoca un sentimiento negativo y cualquier comentario que haga al respecto seguramente irá cargado de resentimiento, (aunque trate de disimularlo).

La amargura, el resentimiento, indican la

carencia de perdón y reconciliación.

Este sentimiento es como un cáncer que va creciendo.

Primero se muestra como rencor, luego se convierte en odio.

A veces llega hasta la búsqueda de venganza, de retribuir de alguna manera la mala acción.

La amargura es una emoción involuntaria que se agrava con el deseo de no querer perdonar.

Echa raíces y crece hasta cubrirlo todo.

Absorbe los pensamientos y las fuerzas de la persona y destruye su vida espiritual.

A la larga puede convertirse en norma de vida. Sus compañeros son la autocompasión, los sentimientos heridos, el enojo, el resentimiento, el rencor, la venganza, la envidia, la calumnia, los chismes, la paranoia, las maquinaciones vanas y el cinismo.

No permite correr la bendición del Señor por la persona.

“El resentimiento y la voluntad de no perdonar son una problema importante en la vida espiritual y pueden repercutir en la salud, tanto psicológica como física”.

Dios nos llama a una acción diferente, perdonar y amar al ofensor.

Jesús nos enseña a perdonar a todos los hombres sus ofensas.

El Padre nuestro dice:

“…y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros  perdonamos a nuestros deudores”

(Mt.6.12).

Esta palabra “como, nos da a entender que así como nosotros perdonamos, así es como Dios nos perdona. Con la vara que medimos seremos medidos.

Al no perdonar los más perjudicados seremos nosotros.

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mt. 6.14-15).

En la muerte de Jesucristo fue crucificado nuestro viejo hombre, y es el Señor el que ahora vive en nosotros por medio del Espíritu Santo.

Romanos 6:6

sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.

Gálatas 2.20

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Filipenses 4.13

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Marcos 11.25

Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.

Romanos 12.18

Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.

El perdonar tiene que ver con tomar una decisión concreta, no debe basarse en los sentimientos, éstos podrían traicionarnos, por otra parte es un mandamiento y no da opción.

(Una vez que hay perdón, olvidar significa:

1) Rehusarse a sacar a relucir el incidente ante las otras partes involucradas.

2) Rehusarse a sacar a relucir ante cualquier otra persona.

3) Rehusarse a sacar a relucir ante uno mismo.

4) Rehusarse a usar el incidente en contra de la otra persona.

5) Recordar que el olvido es un acto de la voluntad humana movida por el Espíritu Santo.

6) Sustituir con otra cosa el recuerdo del pasado, pues de lo contrario no será posible olvidar.

Pablo nos explica una manera de hacerlo: “Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Romanos 12:20, 21). Jesús amplía el concepto: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44).

DOS EJEMPLOS DE AMARGURA EN LA BIBLIA:

2.1 La amargura de Leví y de Simeón: (Gn. 34)

Este relato nos muestra como un príncipe llamado Siquem deshonró a la hermana de estos hombres, llamada Dina. Jacob, el padre de la muchacha, logró perdonarlo a pesar de todo y a arreglar las cosas, pero Leví y Simeón dieron lugar a la amargura y al resentimiento.

¿Qué hicieron ellos?,

tomaron cada uno su espada y mataron a todos los hombres de la ciudad donde vivía el príncipe Siquem desprevenidamente.

Algunas Lecciones de esta Historia:

  1. La raíz de amargura nos ciega de tal manera que no medimos lo que hacemos.
  2. La raíz de amargura hace brotar en nosotros deseos de venganza.
  3. La raíz de amargura nos lleva a justificarnos pensando que está bien lo que hacemos.

Ellos dijeron: “¿Había el de tratar a nuestra hermana como una ramera?”.

  1. La raíz de amargura afecta a todos los que nos rodean, Jacob se vio avergonzado

por el obrar de sus hijos.

Génesis 34:30 Entonces dijo Jacob a Simeón y a Leví: Me habéis turbado con hacerme abominable a los moradores de esta tierra, el cananeo y el ferezeo; y teniendo yo pocos hombres, se juntarán contra mí y me atacarán, y seré destruido yo y mi casa.

  1. Respecto al último punto, tengamos en cuenta que la amargura es “Contagiosa”, es un sentimiento que contagia a muchos. LA AMARGURA ES CONTAGIOSA

Tal como lo expresa Hebreos 12.15.

Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;

La amargura de Simón:

(Hechos 8.9)

Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande.

En Samaria había un hombre llamado Simón que ejercía la magia, y era tenido por “Un grande”.

Cuando el evangelio llegó a Samaria Él creyó y se bautizó, aunque todavía no había renunciado a las cosas del mundo.

Cuando él vio que los apóstoles imponían las manos y los creyentes recibían el Espíritu Santo, ofreció dinero para obtener ese don.

La respuesta de Pedro fue: “Arrepiéntete de esta maldad,…porque es hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás”.

Algunas Lecciones de esta Historia:

  1. El deseo de figurar, de anhelar puestos en la Iglesia, termina generando amarguras.

El humilde no se amarga y sirve en lo que Dios le da

La envidia y el compararnos genera amargura para con los líderes, los hermanos en general y aún para Dios.

  1. La raíz de amargura no nos deja discernir que la obra de Dios es Santa, y no se compra con dinero como si fuera un trabajo secular.

Es de Dios y para Dios y debo servir en lo que sea que Dios me ha dado.

CONSECUENCIAS DE LA AMARGURA:

1 El Espíritu amargo impide que la persona entienda los verdaderos propósitos de

Dios en determinada situación:

Es posible que la amargura lleve a conceptos equivocados de Dios Padre.

No ve el amor de Dios, sino ve a Dios como un juez que está tratando de castigar.

2 El espíritu amargo contamina a otros

Hebreos 12.15 NTV

Cuídense unos a otros, para que ninguno de ustedes deje de recibir la gracia de Dios. Tengan cuidado de que no brote ninguna raíz venenosa de amargura, la cual los trastorne a ustedes y envenene a muchos

3 El espíritu de amargura hace que la persona pierda perspectiva:

Cuando la amargura echa raíces y se convierte en norma de vida, la persona ve, estima, evalúa, juzga y toma decisiones según su espíritu amargo.

Las frases “todo el mundo” y “nadie” pertenecen al léxico de la amargura.

4 El espíritu amargo se disfraza como sabiduría o discernimiento:

Es notable que Santiago emplea la palabra “sabiduría” en el cap. 3.14-15 al hablar de algunas de las actitudes más carnales que describe la Biblia.

14 Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; 15 porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica.

La amargura bien puede atraer a muchos seguidores. ¡Quién no desea escuchar un chisme candente acerca de otra persona!

5 El espíritu amargo da lugar al diablo:

El diablo está buscando a quien devorar.

1 Pedro 5.8

Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;

6 El espíritu amargo puede causar problemas físicos:

Algunas personas terminan sufriendo una gran depresión; otros acaban con úlceras u otras enfermedades.

Resentimiento “decir de nuevo” = vez tras vez en su mente repite la herida como una grabadora.

ALGUNAS PREGUNTAS PARA AUTO EXAMINARNOS:

1 ¿Existe una situación en su vida que aparece frecuentemente en la mente o le despierta durante la  noche?

2 ¿Está maquinando maneras de vengarse si tan sólo tuviera oportunidad de hacerlo?

3 ¿Recuerda hasta los más íntimos detalles de un evento que sucedió hace tiempo?

4 ¿Se siente ofendido y, debido a ello está tratando de justificar el resentimiento diciendo “yo tengo razón”? 

5 ¿Hay expresiones desmedidas en cuanto a incidentes que de otra manera tendrían menor importancia?

6 ¿Le sucede que al leer la Biblia casi inconscientemente aplica la Escritura a otros en vez de a sí mismo?

¿CÓMO LIBERARNOS DE LA AMARGURA?:

1 Reconocer que lo que estamos sintiendo es pecado, y arrepentirnos de sentirlo.

2 No justificarnos pensando que tenemos “razones” para sentirnos así. No por ello deja de ser pecado.

3 Perdonar en oración al ofensor por todo lo ocurrido.

4 Hablar a solas y con sinceridad con la persona que nos ofendió y abrirle nuestro corazón.

5 Pedirle perdón a la persona si hemos pensado mal de ella, o hablado mal de ella con otros.

6 Si la persona no reconoce su falta, debemos cumplir nosotros nuestra parte CON AMOR, perdonándole o pidiéndole perdón.

ORACIÓN TIPO:

“Padre, en este momento, en el nombre de Jesús, yo perdono a____________, por el daño que me ha causado (mencionarlo concretamente). Perdona también mis pecados. En el nombre de Jesús. Amén