CONSAGRACIÓN:

Dedicación de esfuerzo y trabajo a un fin. Ofrecimiento o dedicación a Dios

Consagrar: apartar, dedicar, santificar.

La consagración sabemos que significa ser separado, apartado.

Dedicado y que viene de la misma raíz que ser santo o dedicado a Dios.

Todos conocemos que los grandes hombres y mujeres de Dios, si fueron llamados así, es porque dedicaron su vida por completo a hacer la voluntad de Dios, tal y como ÉL se lo demandaba.

¿Pero tenemos en nuestras mentes y corazones que la consagración es algo que se vive, y que no es algo que simplemente se aprende?

Hoy día la iglesia no se encuentra en la misma posición espiritual que se encontraba en tiempos pasados.

La iglesia primitiva, como tal, tenía todas las cosas en común.

La iglesia oraba, ayunaba y recibía dirección divina.

Recibían dirección de Dios, y  ellos hacían esto colectivamente.

¿DONDE SE PRESENTA LA CONSAGRACIÓN?

Romanos 6:12-13

“No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumentos de iniquidad; sino presentaos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios por instrumentos de justicia”

La revelación y la fe son seguidas por la consagración.

Estamos muertos y resucitados; ahora sobre la base de la muerte y resurrección debemos presentarnos.

Desde el versículo 12 hasta el 23, la palabra más importante es “presentar”.

Muchos han dado a esta palabra el significado de “consagración” y con razón; pero no es la consagración como generalmente la entendemos.

No es consagración en el sentido de ofrecer talentos, dones, tiempo, etc., al Señor para su uso.

Notemos lo que dice el versículo 13:

“como vivos de entre los muertos”.

La consagración a que se refiere aquí no es la consagración de algo perteneciente a la antigua creación, sino de aquella que ha pasado por la muerte a la resurrección.

La entrega, que aquí se menciona, es el resultado de conocer la crucifixión de mi viejo hombre, y contarlo como crucificado.

El saber, el contar y el presentar es el orden divino.

Cuando realmente sé que ya estoy crucificado, entonces espontáneamente me cuento muerto; y cuando realmente me cuento uno con el Señor en su muerte y resurrección, esto me lleva a presentarme a Él.

Él es la fuente de mi vida, Él es mi vida: así que no puedo menos que entregar todo a Él, porque todo es suyo, no mío.

Sin pasar por la muerte, no tengo nada para consagrar, y no hay nada que Dios puede aceptar, porque Él ha condenado todo lo que es de la antigua creación en la Cruz.

La muerte ha eliminado todo lo que no puedo ser consagrado a Él, pero la resurrección ha hecho posible la consagración.

El presentarme a Dios sencillamente significa que yo considero mi vida entera como perteneciente al Señor

EL PORQUÉ DE LA CONSAGRACIÓN

La consagración es tan necesaria en toda nuestra forma de caminar, acordémonos, que Dios solo tiene una relación estrecha, con aquellas personas que voluntariamente deciden tener una vida dedicada a ÉL, no que andan por emociones o sentimentalismos

Cuántas veces hemos podido ver o incluso experimentar, que cuando andamos por sentimentalismos nada real ocurre

En nuestras vidas, todo es momentáneo.

Un ejemplo: Cuando el predicador está haciendo una invitación de pasar al altar para algún tema específico de oración, como:

  • el vivir para Jesús,
  • hacer su voluntad,
  • entregar nuestra vida para dedicarla a Él

Cuántas veces hemos salido convencidos de que esta era la vez definitiva, porque después de esto todo iba a ser una realidad en nuestras vidas (lo que estábamos confesando) y al cabo de unas semanas o al mes, ya estábamos en la misma estatura espiritual en la que nos movíamos antes de salir a recibir la oración.

Muchos se excusan en decir que:

  • es que… bueno el pastor quizá no oró con mucha fe…
  • …las circunstancias que estoy viviendo no me permiten poder realizar lo que le prometí….
  • ….ahora es que estoy muy ocupado, cuando termine este trabajo o me libere un poco lo cumpliré

Para siempre estar bajo las mismas circunstancias.

Pero todos sabemos que todo esto, no es más que falta de consagración por nuestra parte, que los demás no tienen nada que ver en nuestra relación particular con Dios y que lo que verdaderamente necesitamos es una experiencia real con Dios.

En una encuesta que salió hace varios años atrás, se encontró que el 95% de los creyentes que asisten a la iglesia no oran. Eso quiere decir que cuando ellos tienen situaciones donde la intervención de Dios es necesaria, ellos no la piden, ni la buscan. Aún más, cuando tienen problemas quizás llaman a otra persona pero no buscan el rostro de Dios en oración para poder resolver ese problema. El Salmista decía: “Alzare mis ojos a los montes. De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová quien eso los cielos y la tierra. (Salmo 121:1-2)

El 90% de la iglesia viene el domingo a la iglesia, pero durante la semana viven sin Dios:

  • En placeres.
  • Sin Comunión los unos con los otros.
  • Haciendo su propia voluntad.
  • Es estado del creyente de la iglesia es “ALARMANTE”.
  • El 70% de los jóvenes tienen relaciones sexuales antes del matrimonio
  • Los hogares ya no hacen un altar familiar donde se ora y se discuten los problemas familiares con una perspectiva bíblica.
  • Problemas espirituales se pueden discutir y resolverlos con la Palabra, y no con fuerza.
  • Encontramos indiferencia dentro de los cristianos.

Pero tener una experiencia real con Dios,

esto cuesta un precio y no todos están dispuestos a pagarlo.

El precio que hay que pagar es bien duro, pues significa cortar, romper, liberarnos de cosas que nos gustan o simplemente son una rutina en nuestra vida, pero que por el contrario son estorbo para que el Señor haga su verdadera obra.

Pero sin embargo es el mejor precio que podemos pagar, para vivir una vida victoriosa, una vida de gozo, una vida que admiramos en otros.

En génesis 32:22-32 vemos la historia de Jacob.

Él tuvo una experiencia real con Dios, luchó con Dios para obtener su bendición y la logró, pero al final de este relato podemos ver que Jacob, ahora llamado Israel (el que lucha con Dios) ha tenido una verdadera experiencia En Génesis 32:30 dice:

“he visto a Dios cara a cara y ha sido librada mi alma”.

Pero también podemos observar que cuando volvió a su vida normal, lo hacía cojeando desde aquel día.

Podemos rescatar de esto que cuando alguien tiene una experiencia real con Dios, hasta su forma de caminar cambia.

Otro ejemplo:

Es Daniel que nos inspira por su victoria sobre la tentación.

Por lo tanto Dios le llama “Daniel el Amado”

¿Te gustaría ser llamado así? A mí sí.

¿Por qué lo llamó Dios “Daniel el Amado”?

Daniel 10:11-12

11 Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando.12 Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido.

Por su consagración a Dios.

Dn. 6:5 Dijeron sus enemigos:

“No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna para acusarle, si no la hallamos contra él en relación con la ley de su Dios”

Es decir, sus enemigos se dieron cuenta de la total consagración de Daniel a Dios y decidieron tenderle una trampa porque sabían que sería fiel a Dios, y la usarían para sus malévolos propósitos.

Por lo tanto necesitamos:

Primeramente conocer a Dios.

Esto se hace queriendo tener relación con Él para saber lo que nos demanda de nuestra vida, lo que quiere que cambiemos y por donde y como quiere que le sirvamos.